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martes, 2 de agosto de 2011

DJEMAA EL FNA Y EL RESTAURANTE ARGANA

La plaza de Djemaa el Fna, amplísima y bulliciosa, palpita vida y energía y marca el pulso en la exuberante, activa y vital ciudad roja de Marrakech. La plaza está presidida a un lado por la Koutoubia, principal mezquita de la ciudad y hermana gemela de la Giralda de Sevilla, y el extremo norte da acceso al zoco, auténtica maraña de tiendas atestadas de los más variopintos productos donde es absolutamente imposible no perderse.
La plaza engancha desde primer instante, no por lo impresionante o monumental de sus edificaciones sino por la animación y la actividad que en ella se despliega, auténtico corazón y fresco perfecto de una ciudad donde los puestos callejeros conviven con los vendedores de serpientes, siempre dispuestos a asaltar al ingenuo turista.
La proliferación de viajeros ha hecho que las trampas para los forasteros sean muchas, timadores, carteristas y todo tipo de hostigamiento y chantaje emocional, más o menos violento, son frecuentes en este azaroso e incierto micro-cosmos. Sin embargo, pasado el impacto inicial, nos podemos adentrar en la auténtica alma de la plaza, que no ha perdido en absoluto su hechizo ni su sabor tradicional.
Los cuenta-cuentos, siguen encandilando a la sencilla población local con sus historias narradas en árabe o en los dialectos bereberes que seducen a los locales pero resultan incomprensibles para los europeos lastrados por la barrera idiomática.
Los chiringuitos de comida callejera, en el que se cocinan exóticas fritangas resultan en ocasiones demasiado insalubres y los sabores de estos humeantes manjares demasiado fuertes para los delicados paladares europeos, pero en ellos está la auténtica esencia de la comida del Atlas.
Deambular por el lugar es un auténtico regocijo para nuestros sentidos y una sorpresa constante, pues lo menos esperado puede suceder en cualquier instante.
Aún con curiosidad y ansia por de disfrutar del singular ambiente de la plaza pero cansado de pasear y harto de las continuas intromisiones de los no siempre bien intencionados vendedores, descubrí que la terraza del restaurante Argana era el mejor punto para observar el devenir de las escenas que acaecían en esta atestada ágora, lugar de encuentro y fusión de aromas y sabores, de colores y texturas, de animales y gentes. Allí cene en múltiples ocasiones y me recreé dejándome llevar a mundo sensorial diferente, donde podía dejar mi mente en blanco y aparcar mis asuntos cotidianos, con el anhelo de encontrarme con un yo más puro, más trascendente y ancestral.
Bonitas imágenes impregnadas en mi memoria con las que volví a Gijón, mi hogar, y que recientemente se vieron salpicadas de sangre y violencia por el terrible atentado que segó la vida de 15 personas hace apenas unas semanas en el restaurante Argana, un lugar que aún en la distancia todavía me resulta cercano y familiar. http://www.elmundo.es/elmundo/2011/04/28/internacional/1303989914.html
Mi pesar y mi aflicción aumentó cuando la prensa informó que alguna de las víctimas habían sido empleados del propio restaurante, personas cordiales con las que había tenido contacto durante aquellos días y que ya conocía, aunque sólo fuese de vista.
El terrorismo y la intolerancia, no respetan ni a los individuos ni a la belleza ni a las tradiciones y son capaces de herir con sus lacerantes puñales los rincones más íntimos, queridos y recónditos de nuestra memoria y nuestra alma.

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viernes, 29 de julio de 2011

ELLEN´S STARDUST

Nueva York es una ciudad vibrante y original. Un referente de modernidad e inspiración en constante movimiento. La estatua de la libertad, el Central Park, el Empire State son edificios emblemáticos que hay que no hay que dejar de visitar, también es aconsejable dedicar tiempo a hacer compras en el Macy´s, el Twenty First Century ( un outlet completísimo ) o cualquiera de la multitud de tiendas que proliferan en la ciudad. Sin embargo, la visita no sería completa sin acudir a alguno de los múltiples musicales que permanentemente están en la cartelera de Broadway. Pasé por allí hace año y medio y me fue imposible conseguir entradas para el Rey León, el espectáculo más aclamado en ese momento. Me tuve que conformar con ver West Side Story, un clásico imperecedero que nunca decepciona, y un par de días más tarde, y dado lo agradable de la experiencia, Mamma Mia, que con la genial y alegre música de Abba me hizo salir del espectáculo de especial buen humor, después de, al igual que otros muchos espectadores, haberme levantado de mi asiento para cantar y bailar al son de la pegadiza música.
Justo al salir del teatro Winter Garden, donde se representaba, me topé con el Ellen´s Stardust genial restaurante con decoración de los años 50, donde los camareros cantan y bailan ( muy bien, por cierto ) y el cliente cree sentirse parte del elenco de un musical ya que el restaurante parece transformarse por momentos en el escenario de tu propia película, única y genuina. Recomiendo encarecidamente este lugar si alguna vez os pasáis por Nueva York, su descubrimmiento me compensó con creces el pequeño disgusto del primer día, pues como bien dice el dicho es más vale ser cabeza de ratón y pasar a formar parte activa del show, que cola de león, incluso si es el Rey León.

miércoles, 27 de julio de 2011

DA LI



El regreso a Beijing lo haríamos desde el aeropuerto de Da Li, a más de tres horas en autobús de Lijiang. El viaje volvió a hacerseme sumamente pesado, más teniendo en cuenta la orografía de la zona, la precariedad del transporte público en China ( encajonado entre otros dos pasajeros ) y la gran cantidad de conductores bisoños que se aventuran a la ruta, convirtiendo el trayecto en un zigzagueante carruesel de curvas y adelantamientos.
La etnia mayoritaria en Da Li se denomina bai y su centro histórico se encuentra magníficamente conservado. El lugar ha sido tradicionalmente punto de encuentro y reposo de mochileros y soñadores tras sus andanzas por el Tíbet. Alguno se ha instalado en Dali de forma permanente dándole a la ciudad un tenue pero percepetible guiño occidental. Es una perfecta fusión entre los dos mundos mucho más amable que entre Beijing u otras grandes capitales. Aquí las esencias asiáticas prevalecen, el ritmo de vida es más reposado y la arquitectura tradicional se encuentra mucho mejor preservada. Me sorprendió ver una iglesia católica con un estilo arquitectónico completamente oriental, o la populosa calle del extranjero donde, igual que en una pequeña ciudad europea, me pude sentar en una terraza a tomar una pizza, aunque dentro de una atmósfera genuínamente oriental y en la que también había opción de encontrar puestos callejeros en los que braseaban carne. La zona es también famosa por la calidad de su te, de diferentes aromas y variedades, en la casa de un comericante tuve la oportunidad de hacer diferentes catas.
Sin embargo lo que le da auténtico sabor a Da Li es el cercano lago Erhai de unos veinte kilómetros de diámetro y donde se pueden encontrar curiosos templos o pequeños pueblos de exquisita arquitectura bai. Lástima de no haber podido contar con más tiempo para pescar con comorán, actividad muy popular en el lago. Las mejores vistas del lago se obtienen desde la ladera del monte a las afueras de Da Li, lo mejor, según pude comprobar, es usar el teleférico, una vez allí se puede visitar un pequeño templo, unos jardines y unas interesantes y angostas cuevas de estalactitas. A la vuelta es inevitable la visita del templo de las tres pagodas, tres imponentes torres ( una de ellas construidas en el siglo IX ) visibles desde casi toda la zona. Y allí de nuevo regreso al centro de Da Li donde continúe paseando y disfrutando de lo especial del lugar, de lo colorido de sus casas, de las tranquilas rutinas de sus gentes u ocasionalmente de alguna reliquia de la temprana presencia europea del lugar.

jueves, 21 de julio de 2011

LIJIANG

A más de dos mil metros de altura, en la zona conocida como el preTibet, donde el escritor James Milton ubicó en legendario pueblo de Shangri la, se encuentra Lijiang, antigua ciudad de canales, puentes y extraordinaria belleza, capital de la minoría conocida como Nakxi, un pueblo de tradiciones matriarcales orgulloso de conservar su propio idioma, cultura y escritura pictográfica conocida como Dongba.
Llegar a este lugar es tocar el paraíso con los dedos, dejarse seducir por un paisaje excepcional, experimentar una indescriptible sensación de calma y bienestar. Pasear por Lijiang es hacerlo entre edificios centenarios construidos con madera y rodeados de canales de agua pura venida directamente del Himalaya. De madera era el hotel donde me alojé o los restaurantes donde solía comer usando ineludiblemente los palos. El pueblo Nakxi es abierto, alegre y disfruta tarareando viejas melodías o retándose a improvisar cánticos, aparentemente por su gestualidad, cada cual más ingenioso. Los fines de semana también saben disfrutar en cervecerías ( ¡ Qué buena la cerveza Dali ! ), animándome a cantar con ellos, aunque fuera tímidamente y en inglés.
Pero lo que realmente hace único a Lijiang es su comunión con el entorno y con la Montaña del Dragón de Jade, con sus nieves perpetuas reinando sobre tanta hermosura. Para conocer las sendas y los mágicos parajes que rodean Lijiang, lo más aconsejable es utilizar el caballo. Se pueden recorrer los escondidos pueblos de la zona o el húmedo altiplano en el entorno del lago. En ese punto te animarán a coger una barca y ya en el interior del lago alguien vendrá a tratar de venderte comida desde otra embarcación, comer pescado en medio del lago es una auténtica delicia. Pero impregnado de nuevas sensaciones y ya familiarizado con los caballos querrás ponerte nuevos retos, llegar hasta horizontes aún más lejanos y al día siguiente tal vez te encuentres, igual que yo, ascendiendo por el llamado paso de Shagri la, acompañado por Jing y dos lugareñas, y provistos de oxígeno y ropa de abrigo, con el objetivo de llegar hasta una altura de más de 4000 salvando un desnivel de más de 2000 metros en unas pocas horas. Estrechísimas sendas, tremendos desfiladeros, vegetación de montaña, flores salvajes e imponentes valles y montañas a nuestro alrededor. Mi cuerpo volvió a bajar al valle pero mi espíritu aún seguía en el paso de Sangri la.

miércoles, 20 de abril de 2011

LA ETERNA JUVENTUD




No concibo mayor angustia que la del hombre de vuelta de todo, aquel que, saciada su sed de experiencias y de vida, tiene la sensación de que ya no le queda nada por descubrir, nada en que creer, nada que transmitir.

La pasión de juventud se diluye y envejecer, morir es el único argumento de la obra, clamaba desesperado el poeta Jaime Gil de Biedma en su resignado verso al llegar a la mitad de la treintena, prematuramente, sin duda, para sufrir tal frustración.

No volveré a ser joven se lamentaba el intelectual catalán, inmerso en una profunda crisis existencial, despojado ya de la vivacidad sus primeros años de descubrimiento y excesos. El quejumbroso título de su poema describe crudamente el desasosiego de una persona que, ingenuamente, ha porfiado con la vida y ésta, cruel e implacable con los que la desafían, le ha puesto irremediablemente en su lugar.

Sin embargo, la plenitud no la proporciona una fingida precocidad que no se asienta en un suelo estable, ni la velocidad autodestructiva y apresurada de bohemias noches adolescentes, fugaces devaneos y erráticos amores rapaces.

El tiempo no está para enfrentarse a él sino para atrapar lo mejor de cada instante. Siempre nos acompañará la ternura de la primera caricia o el regocijo de aquel beso pero la renuncia al deslumbramiento de una pasión que no cesa o al gozo de poder conquistar un nuevo horizonte más allá del mar convertiría la travesía en un auténtico suplicio.

El deleite de ir cristalizando nuestras ilusiones en realidades y, sobre todo, el pálpito de que jamás es tarde para ver saciados nuestros más imposibles anhelos proporcionarán consuelo, referente y guía.

Esa es la verdadera receta para conservar la vitalidad de la mocedad, sin necesidad de vender como Fausto nuestra alma al diablo ni sucumbir al bisturí de la cirugía, el botox y la superficialidad, cuyas insatisfechas víctimas hoy en día son auténtica legión.

Grandes conquistadores como Ponce de León, enamorado de una india mucho más joven que él, se afanaron por encontrar la fuente de la eterna juventud, a su romántica ensoñación debemos el descubrimiento de la Florida, pero sinceramente creo que Ponce, pese a que nunca alcanzó su quimérico objetivo en un lugar geográfico si consiguió vivir y morir joven, aún cuando su muerte se produjo con casi 65 años, edad más que considerable en el siglo XVI.

No cabe duda que el mantener el fuego eterno de la incertidumbre, esa llama de esperanza que nunca se doblega ni se resigna, a veces tormento y otras consuelo, es la auténtica savia de nuestra existencia porque es cierto que ya nada volverá a ser igual que ayer pero tal vez todo pueda ser aún mejor mañana.

miércoles, 6 de abril de 2011

VIVIR EN LAS ALTURAS

¿Acaso hay algo mejor que volar?
Flotar entre las nubes mientras otros se quedan aferrados a la tierra, sentir la caricia del sol a través de los diminutos cristales del avión mientras los cuerpos parecen liberarse de la presión de la atmósfera allá en lo alto.
Observatorio ideal de pequeños puntos que se deslizan de un lado a otro sobre los fondos verde, marrón o azul que va marcando el paisaje, perfiles y movimientos imposibles de captar desde tierra.
La vertiginosa ascensión nos distancia de la presión de lo terrenal, todo se vuelve más etéreo, la venenosa atmósfera se diluye y la fascinación del nuevo destino se apodera de nuestra mente, ávidos por afrontar el cambio de escenario que siempre nos deparará alguna sorpresa en forma de texturas, colores o sabores, verdadero alimento de nuestra alma y nuestra curiosidad, siempre joven e insaciable ajena al lento pero inexorable paso de los años que arrugan nuestros rostros con los surcos de previos ascensos y acrobacias.

miércoles, 15 de diciembre de 2010

LA RUEDA DE LA VIDA

Toca levantarse y otra vez volver a lo mismo. De nuevo la habitual sucesión de caras y tareas nos atrapa en un bucle de monotonía. Todo tan familiar y previsible, tantas vueltas para encontrarnos en el mismo lugar del círculo y volver ineludiblemente, una y otra vez, al mismo punto en el que ya hemos estado antes.
La certeza de este hecho paraliza las inquietudes de muchos, tentados a abandonar el carrusel y convertirse en meros espectadores de los acontecimientos, pues emprender un nuevo viaje en este particular tiovivo en el que sólo cambia, de tarde en tarde, alguna de las piezas del atrezzo, produce nauseas y mareos. El abandono y la apatía anestesiarán las aspiraciones de la mayoría pero algunos esforzados visionarios hallarán coraje para continuar.
Y entonces, de nuevo en la rueda, al mirar por encima de la cabeza de su caballito de cartón verán el paisaje desde una nueva perspectiva, han ganado altura y todo comienza a tener un nuevo sentido, cada vuelta les agota, les va reduciendo la proporción de oxígeno, pero les eleva de tal forma que lo mismo les parece diferente y comprenden que el camino circular no es tan plano como imaginaban, cada giro supone un imperceptible ascenso en la empinada y exigente montaña de la sabiduría, de modo que la excitación de ir saciando su avidez de conocimiento les compensa de la incomprensión generalizada y la sospecha de no recibir recompensa alguna una vez alcanzada la cumbre, quizá solo tirarse por el precipicio.
Tras meses sin comunicarme mediante este medio, de nuevo vuelvo a escribir. Muchas cosas me resultan familiares pero algo ha cambiado, ahora viajo con menos equipaje, y aunque cada paso resulta asfixiante y agotador, una voraz curiosidad me impulsa seguir girando irremediablemente en esta misteriosa rueda de la vida.

jueves, 20 de mayo de 2010

EL RASTRO DE SHANGRI-LA
















Derrotado, castigado por otra ingrata jornada, cerró los ojos para aferrarse de nuevo a su memoria. Ignoraba que esta sería su última noche de desvelo.

Durante demasiado tiempo había vagado por una senda sin sentido, obsesivamente atrapado por el peso de sus recuerdos. Sólo hallaba consuelo al evocar cada detalle de su conmovedor romance, abruptamente truncado por aquel desventurado golpe del destino.

Todos los instantes con ella habían sido únicos, trascendentes, irrepetibles. Se recreaba en cada escorzo, cada gesto, cada caricia, cada palabra. El beso de las nueve y veinte le sabía distinto al de las nueve y media. Su aroma aún le embriagaba más a las once y cinco que a las once. Su risa siempre le sonaba diferente, pues la percibía con matices y timbres infinitos.

Añoraba pasear a su lado, seguir su estela, con ella todas las ciudades resultaban luminosas, ordenadas, cercanas y apacibles. Ya fuese Gijón, Oxford, Singapur o Shambhala, el tiempo se confabulaba con el espacio y se detenía para su deleite, produciéndole una indescriptible sensación de paz y armonía.

Anhelaba recordar días enteros con ella, sentir de nuevo su hechizo oriental, sucedáneo de vida en una actual existencia para olvidar.

Un súbito destello le sacó de su trance. Era la seductora luz de un madrugador amanecer que acariciaba su rostro mientras trataba de arrebatarle la imagen de su amada.
Atormentado, temeroso de que la huella de su pasión se desvaneciese, se precipitó al abismo en su búsqueda.

jueves, 15 de abril de 2010

LA RED

En las últimas semanas he sido reiteradamente interrogado por mi ausencia en este foro.Diversos emails desde distintas partes del mundo o conversaciones con conocidos en la calle, me han hecho caer en la cuenta de la importancia de mi YO virtual y, hasta cierto punto, su inquietante autonomía respecto al real.He vuelto, si, pero con cierta precaución, con un tanto de recelo, con miedo, en fin, a que el personaje acabe por devorar a la persona, igual que Saturno hizo con sus hijos.El mundo ha cambiado y pasamos cada vez mayor tiempo en red. Al final del pasado siglo XX, ni tan siquiera disponía de una dirección electrónica o sabía lo que era navegar por internet y ahora cada vez consumo más tiempo conectado, bien por las extranets que mi trabajo me suele obligar a revisar a diario, por la consulta de prensa on line o por el empleo del msn o el yahoo voice.La red ayuda a consolidar amigos o mantener relaciones a larga distancia antes imposibles o impensables pero también atrapa y cobra sus víctimas hasta convertirse para algunos en un sucedáneo de vida incierto, lúdico y virtual, del que es su mejor exponente el ínclito second life, según algunos genial experimento y placentero refugio, según otros auténtico santuario de frikis y pirados de todo pelaje.Es indudable que los buscadores ponen a nuestro alcance todo el conocimiento posible a golpe de click pero esto no ha hecho a la humanidad, ni siquiera al singular individuo, más sabio o más prudente. Éste se deja llevar por los atávicos sentimientos sedimentados en los meandros de su cerebro de reptil o de primate y queda obnubilado por los por los tentadores cantos de sirena o por las eternas serenatas de los tenores huecos que tanto desdeñaba el poeta y todo aquel que busca ideas detrás de las palabras.Apasionantes viajes, principescos romances, figuras estilizadas, deportivos último modelo, nuevos estilos de vida, espiritualidad indolora, atajos para alcanzar la trascendencia, bombones que no engordan, alargamientos de pene... , con tanta felicidad a nuestro alcance casi parece de mal gusto mostrarse crítico o infeliz, sin embargo, lo que verdaderamente caracteriza nuestro entorno es la desorientación, las contradicciones ( el miedo al cambio climático sin renuncia al consumismo atroz o la hipersensibilidad carente de cualquier referencia emocional que no sea el propio hedonismo ), la trivialización de lo trascendente, la falta de respeto por normas y valores, la esquizofrenia colectiva, la degradación del arte, el imperio de la zafiedad, la falta de armonía.Las nuevas armas tecnológicas que nos hubieran permitido convertirnos en “semidioses”, nos vuelven más esclavos que nunca.¿Será esta nuestra naturaleza?, o, tal vez, alguien lo cambia todo para que todo siga igual, tal y como nos advertía Lampedusa.

sábado, 6 de marzo de 2010

ESSAOUIRA










Cuando pienso en Marruecos mi mente se recrea con imágenes de Essaouira. Un pueblo marinero de estrechas calles y casas blancas antiguamente llamado Mogador, un nombre que evoca exuberantes aromas, exóticos viajes y excitantes aventuras y cuyo influjo aún sigue presente en todo el pueblo ya que desde el antiguo fuerte portugués, a las murallas con cañones colocados de forma simétrica apuntando a la profundidad del oceano o el trazado mismo de la ciudad todo tiene un profundo sabor colonial.

Essaouira es hoy una tranquila villa donde los marineros que despiezan pescado, entre redes y gaviotas conviven con surferos que lanzan sus melenas al viento y turistas que disfrutan de la amplia y soleada playa, en un lugar apartado del bullicio de la relativamente cercana Marrackech y donde aún es posible la relajación y el paseo.
Del riad Inna al Taros café o al restaurante Les Alizes Mogador, en apenas un fin de semana uno puede sentirse cómodo e integrado en la acogedora población y reconocer las caras de todos los músicos callejeros o de los enredadores profesionales de turistas, que aún mantienen la mirada más limpia que sus vecinos de Agadir o Marrackech.



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sábado, 13 de febrero de 2010

XIN NIÁN KUÀI LE ( Feliz Año Nuevo )

Para los que no hayan tenido suficiente con la tradicional celebración del día 31 de diciembre, aún tendrán otra oportunidad. Mañana 14 de febrero es el Año Nuevo Chino ( el 4708 de su calendario ), que viene a equivaler en su cultura a nuestra Navidad.
Las celebraciones en realidad duran unos 15 días, de los cuales 7 en principio no se trabaja. Las familias se reúnen, limpian la casa, preparan la comida juntos y, dado el carácter supersticioso de los chinos, todo está cargado de significado.
Una de tras tradiciones más populares y que en días sucesivos a buen seguro tendremos ocasión de contemplar en algún informativo, son las danzas del dragón y del león, donde los bailarines portan grandes cabezas tratando de ahuyentar el mal. Muy importante es también el reparto de los sobres rojos cargados de dinero ( sus reyes magos ) y la decoración floral de casas y tiendas, en una especie de ritual purificador. Pero sobre todo, y os puedo garantizar que muchos chinos creen firmemente en esto, con el Año Nuevo se cierra un ciclo y se inicia un nuevo periodo. A cada año lo representa un animal que se repite cíclicamente en un orden preestablecido explicado en varias leyendas.
Cuentan los chinos que los dioses pusieron a competir a los animales cruzando el río a nado. Todos empezaron de un extremo pero la más aguda resultó ser la ingeniosa y aparentemente ingenua rata, que se subió encima del buey sin que se diese cuenta, y saltó justo al llegar al otro lado resultando la primera. Me hace mucha gracia esta leyenda porque yo precisamente, como los mayoría de los que mi quinta, he nacido bajo el influjo de la rata. El tercero en llegar fue el tigre que es el año en el que entramos el día 14.
Según el zodiaco chino, el tigre se caracteriza por ser un signo cálido, amoroso, independiente, libre y divertido, extremadamente carismático y mágico, y se asocia con habilidades de comunicación y buenas relaciones sociales. El Año del Tigre se va a regir por la valentía y los nuevos retos. Un ciclo favorable para las actividades relacionadas con la comunicación, la infancia, los movimientos ecológicos, el activismo social y económico, las leyes, la política, los deportes, el espectáculo, las artes y el liderazgo. Sin duda un buen año para el movimiento, cambio, novedad y curiosidad. Confiemos en que el tigre nos ayude a salir de la crisis. En todo caso será un gran año para emprender viajes.
Siguiendo la tradición china os deseo prosperidad en todo lo que emprendáis en un año que promete ser propicio o en mandarín GONG XI FA CHAI.

domingo, 17 de enero de 2010

CONCURSO DE MICRORELATOS. Las rebajas: finalistas

ELCULTURAL.es

El Concurso tiene por objeto la publicación en la página web de El Cultural.es y en las páginas oficiales de ELCULTURAL.es en Facebook y Twitter el microrrelato ganador Podrán participar en el Concurso las personas físicas que envíen sus microrrelatos originales y escritos en castellano que no excedan los 140 caracteres, en relación con el tema planteado en el apartado 1 de las presentes bases y de acuerdo con los requisitos establecidos en las mismas. EL RETO ES DIFÍCIL. SE PUEDEN UTILIZAR MENOS CARACTERES QUE EN UN MENSAJE DE MOVIL.

Estoy entre los finalistas de la semana. El tema es las rebajas:

Este es el texto:

Jesus Diaz, 13/01/2011.

" Se acabó el aroma a chanel. En las cenas ya no había champán. Volubles son el amor y el comercio, mermada la pasión se rebaja el precio."

jueves, 5 de noviembre de 2009

COPENHAGUE, UN ROMÁNTICO SUEÑO












Copenhague ha sabido pasar a la modernidad sin perder un ápice de su romanticismo ni de su lánguido encanto decimonónico.
Nada más salir del hotel Scandic Weber, donde me alojaba ( una opción muy recomendable ), me topé con los jardines Tívoli, el parque de atracciones más antiguo del mundo, inagurado en 1843 con deliciosas y atemporales atracciones de vetusta estética y espíritu. Esto no fue más que el comienzo, en la ciudad aún encontraría numerosos guiños al siglo XIX, como el Ortedsparken, de sinuosas sendas y un gran verdor en torno a un lago artificial o el elegante invernadero del jardín botánico.
Sin embargo, el comercio más vital y pujante, también es una seña de identidad de la capital danesa. A partir del Rudhuplasen ( la amplia zona donde se ubica el recio ayuntamiento ), se accede a Stroget, una larguísima zona peatonal de impecable empedrado y donde las tiendas más famosas se suceden hasta desembocar en el Kongens Nytorv, magnífica y monumental plaza donde se encuentran edificios tan emblemáticos como el hotel de Inglaterra o el palacio de Thott. A continuación se encuentra el Nyhavn, un gran canal que en épocas pretéritas hizo de puerto principal de la ciudad y que hoy está enfocado principalmente al ocio y al turismo, tanto la belleza de las casas multicolores que lo enmarcan a ambos lados como por su emplazamiento estratégico lo convierten en un lugar ideal para hacer un alto en la marcha y tomarse una cerveza en una de las múltiples terrazas que allí se encuentran, y más en mi caso, que tras una mañana muy ajetreada necesitaba reponer fuerzas para acercarme a ver la sirenita.
Acabada la cerveza me dirigí hacia la emblemática escultura, antes habría de pasar por la Amalienborg Plads, de enormes dimensiones y donde todos los días al mediodía se realiza la ceremonia del cambio de la guardia, un ritual donde arte y marcialidad se dan la mano. Un poco más allá me encontré con la iglesia de San Albano, de magníficas vidrieras y la fuente de Gefion, de grandes dimensiones y impecables acabados, todo ello en un hermoso parque de elegante armonía que constituye un magnífico aperitivo para la contemplación de la delicada sirenita, de reducido tamaño pero plena de romántico encanto, que ensimismada mira lánguidamente hacia la profundidad del mar.
El espíritu soñador de la sirenita me impulsó hacia la vecina isla de Christiania donde tras contemplar la belleza de sus orillas, algunas casas de época o el magnífico y ultra moderno edificio del Diamante Negro, me topé con una de las más gratas sorpresas de todo el viaje. El barrio de Christiania, una comunidad hippie que se asienta en las inmensa franja de tierra antiguamente usada para fines militares y que hoy, merced a un vacío legal, pervive como experimento anarquista y pretende funcionar con independencia de la autoridad danesa.
Los habitantes de esta república independiente son adultos que se empeñan en vivir como eternos adolescentes, construyen psicodélicas construcciones perfectamente integradas en la naturaleza, circulan sólo a pie o en bicicleta, se niegan a usar la luz eléctrica, fuman libremente marihuana en las calles y todo con el atterezzo propio de los años 70, en una atmósfera de realidad detenida o lugar fuera del espacio y del tiempo. Christiania, es, sin duda, un lugar francamente interesante por el que deambulé con total libertad hasta casi fundirme con él en una especie de ensoñación. La magia terminó cuando saqué la cámara fotográfica y traté de sacar unas instantáneas. Un enorme hippy de ojos verdes, desaliñado atuendo y largas rastas se encargó de recordarme que mi mundo y mis valores son otros bien diferentes.

miércoles, 4 de noviembre de 2009

MALMÖE, LA CAPITAL DE LA SUECIA MERIDIONAL















Desde Copenhague es fácil llegar a Malmoë si nos acercamos a la estación de ferrocarril ( a un paso mismo del Tívoli ). Cada 30 minutos un tren sale con dirección a la ciudad más meridional de Suecia y verdadera capital de la región sur.
Durante el trayecto pude contemplar una de las grandes proezas de la ingeniería europea, ya que surqué a toda velocidad, elevado sobre el puente Öresundm, los casi 16 kms que separan Selandia de la península escandinava. Desde el mismo observé una gran cantidad de molinos de viento plantados en el agua que ya han pasado a formar parte del paisaje de la zona. Una vez en tierra me llamaron especialemente la atención las casas con techos extremadamente puntiagudos y la techumbre vegetal tradicional ( compacto de hojas, turba, ramas y fardos de paja ).
A mis desentrenados ojos latinos, Malmoe ofrecía el mismo aspecto que la vecina capital danesa, por algo fue parte de Dinamarca hasta hace apenas 3 siglos.
A unos 400 metros de la estación me encontré con la enorme plaza del ayuntamiento de 2500 metros cuadrados, a imagen y semejanza de la que acababa de dejar más allá del puente, pero con elementos singulares, por supuesto, como la estatua del rey Karl o la famosa farmacia del León así como un edificio del ayuntamiento también sobrio pero con algún elemento decorativo. A partir de aquí de nuevo surgieron una serie de calles peatonales ( Adelgaten, Ostergaten, Rudelsgaten ), ideales para comprar o pasear y en cuyas inmediaciones enconté edificios tan singulares como la iglesia de San Pedro ( la construcción más antigua de la ciudad ), el Flensburska huste ( siglo XVI ), viejo almacén de estilo holandés renacentista, o la que fuera residencia del gobernador.
Siguiendo la senda del canal que rodea la parte antigua apareció la pujante ciudad universitaria, la más importante del mundo para temas marítimos. Me adentré en un inmenso parque de los que tanto gustan en estas latitudes y hayé un viejo molino así como el castillo de Malmous de estilo renacentista escandinavo y hoy sede de muchos museos. Tiene torreones circulares, bellos tonos rojizos y está rodeado de un estanque, hogar de patos y gansos, además los torreones se reflejan produciendo un bello efecto. Más allá del parque, a la sombra del Turning Torso ( el edificio más alto de Suecia, obra del arquitecto español Santiago Calatrava ) ,y tras atravesar una interminable zona de césped llegué a las playas, con bien cuidadas pasarelas de madera y muy concurridas los días soleados, como el agradable día de junio que me tocó rendir visita a la ciudad. Sólo me faltaba acercarme al mar y mojar mis manos con las frías aguas del estrecho de Öresund mientras en el horizonte contemplaba el enorme puente que me había conducido hacia allí y los originales molinos.

viernes, 26 de junio de 2009

NOVIEMBRE EN HOLANDA










Amsterdam una ciudad antigua de talante joven y hospitalario, fue la base de operaciones idónea para obtener una primera visión de los Países Bajos.
Pese al frío de un noviembre que no fue especialmente benigno, pude percibir toda la calidez de un cuidado territorio en gran parte ganado al mar y de la bella ciudad de los canales.
Mis padres me acompañaron 15 años después de nuestro último viaje juntos ( allá por el 92 para ver la expo de Sevilla ) y esto hizo que en ocasiones tuviese que adaptarme a su ritmo. Reduje esta vez mis habituales paseos e idas y venidas sin rumbo predeterminado y recurrí preferentemente a las visitias guidadas, más prácticas y cómodas, además muchas en castellano.
La primera incluso parecía bastante original, la recomendaba la guía Lonely Planet y no era necesario pagar más que la voluntad, todo el trayecto se hacía a pie y los guías eran tan hippies como la ciudad misma.
Mientras paseábamos por la plaza Dam, el barrio rojo o el mercado de las flores, nuestro guía Francisco, un risueño y despreocupado chico ecuatoriano nos daba su visión sobre la prostitución, la ocupación de viviendas o el consumo de drogas. Sus opiniones más que avanzadas eran verdaderamente subversivas, tras más de 3 horas de paseo bajo un intenso frío acabó el circuito guiado. Comenzaba a trapear y Francisco nos invitó a tomarnos unas setas alucinógenas para entrar en calor. Amablemente rechazamos la invitación y entramos en una cercana cafetería. Cogimos la última mesa que quedaba libre, a lado mismo de la barra, era un lugar agradable con paredes revestidas en madera, amplios ventanales y una empinadísima escalera de acceso a los servicios y al altillo.
Desde allí pudimos contemplar como los copos de nieve iban cubriendo la ciudad de un bonito manto blanco.
Afortunadamente nuestro hotel, cerca de la estación central de trenes, no estaba lejos de ese lugar y el regreso, pese al frío, no resultó pesado.
Quedé para cenar con mis padres unas horas más tarde en una cercana parrilla argentina y entretuve mi espera paseando por las callejuelas entre canales, copos de nieve, bicicletas y luces rojas, hasta que encontré una sencilla vinatería pero frecuentada por chicos y chicas bien del barrio en la que ponían música en directo.
Mientras saboreaba el vino rezaba para que el días siguientes estuviera más apacible.
El reloj sonó a las 7,30, me asomé a la ventana del coqueto hotel y desilusionado comprobé que granizaba y el frío no había remitido.
Aún así decidimos cumplir el programa que teníamos previsto. Llegamos a la cercana calle Damrak, donde cogimos el autobús que nos condujo a un pueblo tradicional holandés, llano, construido entre una especie de acequias y grandes molinos achicando agua todo el tiempo. El lugar estaba totalmente enfocado al turismo, con un taller de artesanía donde fabricaban zuecos de madera que, tal y cómo hicimos ver al artesano, guardaban gran parecido con las madreñas asturianas y que, para nuestra sorpresa, conocía perfectamente.
Salimos del taller y el verde del paisaje salpicado con el blanco de la nieve lograba componer imágenes de gran belleza, pero realmente constituía una indudable molestia para nuestra visita.
Subimos al autobús con destino a Volendam, a nuestro alrededor se alzaban molinos y extensos campos verdes, al bajar del vehículo noté que la temperatura había subido considerablemente y comenzaba a lucir un sol espléndido.
El paseo por el tranquilo y bien cuidado pueblo costero me resultó gratísimo. Un lugar llano y un tanto laberíntico, con molinos y muchas casas de madera de un verde muy vivo. A través de los grandes ventanales las viviendas con el salón a ras de suelo y las cortinas siempre abiertas los moradores de las casas mostraban sin recato sus mejores porcelanas y parte de su intimidad, un hecho que ya me había llamado la atención en Amsterdam pero que en este pequeño pueblo se hacía incluso más patente.
Tras concluir nuestro paseo entre las casas nos encontramos con una gran iglesia al fondo y un paseo elevado al borde del mar donde pese a los agradables restaurantes y cafeterías aún se percibía, al menos por el tipo de edificaciones, parte de su sabor marinero, cuando el mar interior estaba abierto y la mayoría de la población se dedicaba a la pesca del arenque.
De allí partimos a Marken, que en realidad es una pequeña isla unida a tierra tan solo por una carretera. Al circular por ella pudimos ver como el nivel del mar variaba a cada uno de los lados de la vía en otra muestra de las increíbles proezas de la ingeniería holandesas.
El pueblo de Marken, recoleto y cuidadísimo, con pequeñitas casas de madera terminadas en un tejado muy puntiagudo y estrechísimos pasillos entre ellas, mantiene el encanto que le proporcionó su aislamiento, hasta la construcción de la carretera, manteniendo tradiciones y hábitos ya perdidos en otros lugares de Holanda.
Tras impregnarnos de la magia del pueblo y relajarnos entre estampas de tarjeta postal reemprendimos el viaje a Ámsterdam, a unos 30 kilómetros del lugar.
Aún no había oscurecido y nos dio tiempo a pasear por las calles más comerciales, llenas de gente por la cercanía de San Nicolás que es el encargado de traer los regalos a las familias holandesas la noche del 5 de diciembre. En nuestro paseo fuimos topándonos con edificios emblemáticos como el ayuntamiento o el museo de historia.
Tras tanto ajetréo decidimos rematar el día cenando en un magnífico restaurante chino-indonesio, estupenda opción en un país que, tal vez por haber tenido colonias en el extremo oriente, sabe apreciar y valorar la comida asiática.
Amanecimos con un tibio sol y decidimos emprender un tour guiado por algunas de las ciudades más emblemáticas de Holanda.
Partimos hacia Rótterdam no sin antes hacer una parada en Aalsmer para ver una subasta de flores, en una inmensa nave donde cientos de palés de tulipanes entraban y salían con destino a cualquier lugar del mundo a ritmo vertiginoso.
Rótterdam es una ciudad nueva que impacta por el fuerte protagonismo de los volúmenes de sus edificios, en general de un diseño poderoso y agresivo. La oficina de correos y el ayuntamiento son prácticamente los dos únicos edificios de cierto interés que se conservan de la etapa anterior a la segunda guerra mundial. La desembocadura del río Mosa, con el puente de Erasmo y la frenética actividad de su puerto son sin duda los dos principales atractivos turísticos de una ciudad que aún careciendo del encanto de sus vecinas destila vitalidad.
Mucho más atractivo resultó Delft, coqueto pueblo de canales y diseño similar al de Ámsterdam pero mayor paz y armonía por el que apetece caminar y perderse. Tras un encantador paseo y la visita de un taller de porcelana, la industria que siglos atrás le dio auge y poder económico, paramos a reponer fuerzas en la plaza a la sombra de la muy puntiaguda torre de la iglesia nueva que desafiaba a un cielo de ese azul característico que tan bien captó el maestro Vermer en sus pinturas. El dulce de manzana que me pedí aún resultó más delicioso en un entorno tan agradable.
De allí partimos a La Haya donde se ubican varios tribunales de justicia internacionales, la visita, demasiado corta, fue apenas una pequeña pincelada de lo que la ciudad tiene que ofrecer pero fue suficiente para poder percibir su trazado rectilíneo, su elegancia y su armonía.
El Binnenhof, sede del parlamento y verdadero eje de la vida de la ciudad, es un enorme conjunto de edificios monumentales, ubicado en un gran espacio abierto, con una laguna en la que se reflejan las sobrias formas de todo un lateral del conjunto.
Tras un corto paseo por el centro en el que vimos uno de los palacios de la reina, situado en una pequeña plaza, nos trasladamos hacia la zona marítima de la ciudad, conocida como Scheveningen, hasta el siglo pasado este lugar no era más que un encantador pueblito de pescadores. Diversos pintores e intelectuales lo escogieron como residencia hasta convertirse en una atractiva zona residencial con una regular e imponente playa, y un gran pier de madera, que me recordó al de Brighton, haciendo de puente entre la delgada línea del horizonte y la fina arena.
Su balneario y su casino le dan al lugar un aire aristocrático y cosmopolita de un poco disimulado toque elitista. El lugar es refinado y exclusivo, ideal para darse un agradable paseo y palpar el estilo de vida exquisito de la rancia aristocracia.Tan sólo quedaba acercarse a Matureland, cerca de La Haya y nuestra última parada ese día, allí nos encontramos con un cuidado parque en el que hay reproducción en miniatura de alguno de los lugares más emblemáticos de Holanda, desde el aeropuerto de Schiepol al Binnenhof. Interesante para ver, aprender y sacarse originales fotografías.
Ya era noche cerrada cuando llegamos a Ámsterdam y nos homenajeamos con una estupenda comida en el nada económico restaurante de Rodeleeuw.
El último día en Ámsterdam lo comenzamos con el obligado paseo en barco por los canales de la ciudad, están dispuestos en forma de anillos concéntricos y en el pasado fueron el medio más práctico para el transporte de mercancías, desde los canales interiores se pueden contemplar las encantadoras casitas adosadas de los barrios más céntricos desde otra perspectiva y en el canales más amplios y exteriores el museo Nemo, así como un curioso restaurante flotante a imagen y semejanza del que vería unas semanas más tarde en Hong Kong.
Acabado el paseo nos acercamos al Rijksmuseum donde admiramos numerosos cuadros de los maestros daneses Rembrandt o Vermer. Aún hubo tiempo para dar otro paseo a pie por el entorno del canal próximo al moderno casino, una zona muy animada por la noche.
Rematé mi estancia en la ciudad con un larguísimo paseo en solitario por alguno de los puntos más calientes de la ciudad. Empecé por el barrio rojo, donde además de la típica exhibición de carne fresca en los ventanales me topé con una extraño templo chino. De allí giré hacia la tranquila zona de Jordan donde entré en uno de los populares coffe-shops, acogedor y con la atmósfera muy cargada de humo de hachis. Esa es mi última imagen de Amsterdm, al día siguiente volaría a Tenerife a escenificar la historia de un adiós, tal y como ya he relatado en una bitácora anterior.

martes, 16 de junio de 2009

INMIGRANTES DIGITALES

Parece ser que todo el que ha sobrepasado los 30 y utiliza los medios digitales para comunicarse es un imigrante digital, al menos eso es lo que nos planteaba Tirso Maldonado, un profundo conocedor del mundo virtual y gurú de las nuevas tendencias en interntet, en un taller sobre redes sociales y gestión de clientes al que asistí recientemente en el hotel Zen Balagares, alojamiento de moderno y agradable diseño ubicado en un entorno rural pero cerca del aeropuerto y un gran centro comercial, provisto de spa y amplios salones con conexión a internet y señal suficiente como para dar cobertura a los 25 portátiles de los allí reunidos.
Aquel encuentro me dio nuevas muestras de como internet ha revolucionado nuestra forma de comportamiento. Las reflexiones que antes guardábamos en un diario privado ahora las hacemos públicas en un blog.
El niño tímido que antes dejaba grabado un corazón en un árbol o metía una carta dentro de una botella hoy es un adulto que, no sin cierto pudor, decide exhibirse en el facebook, el tuenti o el Xing, en un desesperado intento de no perder la rueda de las nuevas tendencias y a duras penas poder seguir manteniéndose conectado con el mundo y existir en la red, el nuevo templo de culto contemporáneo, lugar para ver y dejarse ver, de intercambio de ideas y mercaderías, cumpliendo la función del ágora de las polis griegas, referente necesario para todas sociedades urbanas posteriores y que el siglo XXI ha transformado en virtual.
Ciertamente, supongo que igual que la mayor parte de los nacidos en los años 70 del pasado siglo, no soy un nativo digital e igual que los africanos que venden CDs en las calles chapurreando un idioma que no es el suyo, me encuentro desorientado y perdido en esta nueva frecuencia, utilizando un lenguaje y unos referentes que ya no son los míos, en un arriesgado cambio de piel y una huida hacia delante, sin rumbo y siempre temiendo encontrarme profundos abismos y peligrosos precipicios, en un vano intento de sobrevivir a la postmodernidad.

jueves, 7 de mayo de 2009

HISTORIA DE UN ADIOS

Aquello parecía el cierre de una etapa. Hacía un gélido frío en Ámsterdam cuando lleno de dudas volé desde Schipol al aeropuerto del Norte, previa escala en Madrid.
La sala de espera de los Rodeos, menos concurrido que el aeropuerto del Sur, el cual solía utilizar cuando venía directamente de mi tierra, ofrecía mejores vistas y más sosiego. Esta vez ni siquiera me impacienté por la espera.
Algo había cambiado en el paisaje y la ilusión se terminaba igual que el frescor de un otoño que languidecía marchitaba los brotes que la primavera había traído perfumados y frescos.
Llegó como siempre agradable y cariñosa pero se había acabado la frescura de antaño, el destello de sus ojos se había apagado, su sonrisa, de la que ahora se sentía tan orgullosa parecía más artificial que nunca, su energía se había evaporado, por el cansancio del trabajo según me dijo.
Tan solo unos meses juntos y ya sentía el hastío y el desgaste de toda una eternidad.
Elegimos un magnífico y apartado restaurante francés para cenar, El Refugio de María, en el frondoso valle de la Orotava. Fue una desapasionada velada en una casa rústica con un trato exquisito. Ya ni recuerdo que cenamos pero de lo que estoy seguro es de que pedimos vino del país en vez de una especialidad francesa, siempre lo hacíamos así.
La conversación fue fluida pero carente de pasión, oíamos palabras sin escuchar sentimientos, ya no nos susurrábamos nada al oído, nos mirábamos y ya no nos veíamos, le acariciaba la mano y ya no sentía su ternura, olía su perfume y ya no quedaba impregnado de su hechizo. En ese momento supe que estaba todo perdido. Nada podía reprocharle, simplemente éramos dos burbujas que se separaban como pompas de jabón volando cada una en busca de su destino, sin dañarse pese a al fragilidad de sus estructuras.
Disciplinadamente traté de cumplir el protocolo marcado para el fin de semana.
El viernes por la mañana ella trabajaba y me acerqué en autobús a La Laguna, que aún no había tenido la oportunidad de conocer de día. Su zona histórica me pareció francamente interesante, edificios de piedra y miradores, antiguas iglesias y una torre a la que subí por una estrecha escalera.
A la bajada paré a tomar un café en una terraza cercana al mercado viejo, estaba fresco y tuve que refugiarme en el interior del local, no era un lugar acogedor, lúgubre y oscuro, no obstante hice algo de tiempo leyendo los periódicos locales. Mientras los ojeaba me di cuenta de que sabía más de lo que yo mismo me imaginaba sobre la vida política y social de la isla. Incluso empezaban a interesarme sus pequeñas reivindicaciones y batallas. Demasiado tarde, sin duda.
Por fin ella llegó, fuimos a comer a La Casa Encantada, un sitio estupendo, volvimos a pedir un buen vino de la tierra y una sama con unas papitas arrugadas. Siempre me había gustado salir a comer con ella. Era una liturgia con la que ambos llegábamos a sentir gran complicidad. Aunque de una forma distinta, menos profunda, llegué a disfrutar de nuevo de su conversación y su compañía, tal vez sólo porque intuía que esta sería la última vez.
Paseamos por la zona antigua y vimos que en un entoldado estaban presentando vinos de la zona, entramos y allí se encontró con unas amigas, chicas muy simpáticas que yo ya conocía bien. Uno de los productores nos invitó a visitar su bodega, a ella le encantó, le gustaba ese mundo por tradición familiar. Quedamos en ir todos juntos al día siguiente.
No madrugamos. Era sábado y la visita estaba prevista para el mediodía. Desayunamos con calma y cogimos el coche, paramos para recoger a las dos amigas que nos acompañarían y pusimos rumbo a la bodega.
Sin estar distantes parecíamos distanciados, ni en la mesa nos sentamos juntos. Yo me fijé más en los antiguos toneles y en la plantación de alrededor del edificio dónde me las arreglé para sacarme fotografías. Ella se quedó más tiempo con sus amigas en la terraza.
De allí fuimos todos juntos a un guachinche y después a una remota playa en un acantilado. Me esforzaba por hablar y sonreír pero a diferencia de otras ocasiones y de la inmejorable predisposición de nuestras acompañantes llegué a encontrarme extraño y aislado, ajeno a todo. Me sentí muy aliviado cuando pensó que sería mejor no salir de marcha esa noche. Estaba agotado psicológicamente.
Al día siguiente fuimos a una tranquila playa del sur, frente a unas casitas blancas y un tenderete donde vendían cerveza. Fue la última vez que hicimos algo juntos y pese a que estaba algo fresco nos dimos un largo baño. Me dejaba llevar, el final era irremediable pero no sufría, simplemente veía que nuestro tiempo juntos se extinguía.
Ya en casa vimos un rato la televisión, antes de acostarnos hablamos, todavía conseguimos sonreír una última vez juntos, tal vez un reflejo del pasado.
Al día siguiente me acercó hasta el aeropuerto. Tras facturar la maleta le pregunté si no le parecía que vivíamos en dos mundos demasiado opuestos. No me respondió nada convincente. Al coger el avión supe que ya no volvería nunca más a la isla.
Pronto me enteré que ella también tenía la decisión tomada.

domingo, 19 de abril de 2009

GIJON EN EL RECUERDO

Tal vez sea producto de la nostalgia, pero me da la sensación de que Gijón ha perdido gran parte de su sabor tradicional.Los barrios ya no tienen el tipismo que los caracterizaba antaño. Se han homogeneizado y unificado. Todos escuchan la misma voz y suenan a lo mismo.
Recuerdo mi niñez en el barrio del Carmen, en el original ambiente en que me crié, entre los fogones del restaurante que regentaban mis padres, un lugar no siempre fácil ni cómodo pero de singular riqueza.
Recuerdo con especial cariño a los curiosos personajes que solían frecuentar nuestro establecimiento. Eran únicos, auténticos e irrepetibles.
Recuerdo a un anciano que se hacía llamar Carlitos de Gijón y decía ganarse la vida cantando por los bares. Venía casi a diario y se le ofrecía una suculenta comida a cambio de llenar el local de clientes con su música. Sus añejos tangos no eran ningún reclamo y nunca aparecía nadie a causa del espectáculo. En realidad se le dejaba cantar un par de canciones para alimentar su ego y algo de comer para hacer lo propio con su diminuto cuerpo sólo por lástima. En agradecimiento a la habitual generosidad mis, siempre demasiado ocupados, padres me llevaba al circo o a ver los trenes de la estación. Cuando se apeaba alguna chica joven la piropeaba con su aire de don Juan otoñal.
Recuerdo a Barón, el marinero forzudo, del que hubo expuesta largo tiempo una foto en una tienda de la calle San Antonio. Stallone era a su lado un aprendiz, estaba lleno de tatuajes y cuando soplaba sobre su dedo, con un teatral e irrepetible efecto, la musculatura de su brazo parecía hincharse aún más. Presumía de aguantar en la cubierta de un barco a menos veinte grados o de haber sufrido intentos de violación por hordas de amazonas en exóticos países. Cuando llegaba enero y se ponía una chaqueta a causa del frio decía que era para evitar accidentes de circulación ya de lo contrario los conductores y conductoras ( enfatizaba el femenino, aunque entonces no se estilaba el lenguaje políticamente correcto ) se despistaban viendo su portentosa musculatura desafiando las inclemencias meteorológicas.
Recuerdo a las pescaderas de la plaza, antes de que esta pasase a ser un edificio administrativo. Las recuerdo vender en la calle la mercancía, con su voz chillona o regateando con mi padre el precio del bocarte o de la sardina, siempre tan pintadas y descaradas, muchas veces a cargo de una abundante prole y maridos viciosos y chulescos a los que ellas proveían , en una especie de macabra competición, de toda clase de lujuriosos caprichos.
Recuerdo a Esperanza Sorribas en la cocina del restaurante, aún con sus aires de condesa arruinada que muy pronto el tiempo y la locura arrebatarían, escogiendo comida entre las sobras del día para alimentar a sus gatos y palomas. Era ingeniosa y se decía poetisa. Trataba de pagar el favor con un collar de “fantasía” para mis hermanas de mucho colorido e ínfimo coste. Les decía, cuando se lo entregaba, que las mujeres ya que no tenían nuez debían de tener avellana. Nunca llegué a entender que quería decir con eso. Espero algún día poder descubrirlo.
Recuerdo a “Luarca”, el desaliñado y paupérrimo limpiabotas, al que algún benefactor ofrecía dinero con la condición de que sólo se lo gastase en vino. El hombre hacía un gesto de resignación y corría a la barra del bar a cumplir su parte del trato.
Recuerdo a don Luis, ex combatiente de la división azul, con su ginebra en la mano gritando bravuconadas y retando a don Carlos, párroco de la iglesia y habitual a la partida de cartas de la tarde en el bar, por irreconciliables desavenencias políticas. ¡Un cura comunista!. ¡Qué gran blasfemia!
Recuerdo a Magdaleno, el hijo de la Magdalena, estrellando su cuatro latas contra la luna de la peluquería a horas intempestivas.
Recuerdo dormirme en el mirador de mi casa, justo encima del restaurante, arrullado por los fascinantes sonidos que provenían de la calle, la llamada del afilador, los cantarines de algún sidrero, o los lejanos ecos de las discusiones entre chulos y fulanas.
No soy de los que piensa que cualquier tiempo pasado fue necesariamente mejor...
Recuerdo al monstruoso carbonero, al que un día descubrí robando sacos y me amenazó de muerte o el día en que unos desaprensivos prendieron fuego al carro del trapero o cuando decidieron cortarle las orejas a la perra del garaje.
Recuerdo muchas cosas, demasiadas, para los límites de lo que sólo pretende ser una sencilla bitácora.

domingo, 22 de marzo de 2009

MACAO

















Al otro lado de la bahía que forma el río Peal, a apenas 70 kms y una hora en ferry de Hong Kong se encuentra la ciudad de Macao, bajo administración portuguesa de 1557 a 1999 y actualmente con un régimen especial dentro de China, es un pequeño enclave que evoca legendarios viajes y trepidantes aventuras, marinos portugueses, misioneros católicos y exotismo oriental.
Desde el mismo momento que salí del ferry noté que Macao era una ciudad mestiza y especial.
Entre la fina neblina matinal aparecían ante mis ojos casitas adosadas como las de Ámsterdam o la entrada principal a la ciudad prohibida en Beijing, reproducciones de gran tamaño y calidad integradas dentro de un enorme casino.
Repuestos de la sorpresa inicial decidimos abandonar el puerto a través calles empinadas llenas de letreros en portugués con dirección a la antigua Fortaleza del Monte, construida por los jesuitas portugueses para proteger la península. Hoy en día los antiguos muros y cañones carecen de valor militar y la plaza es tomada por niños, turistas y ancianas chinas que practican tai-chi. Desde esta colina se puede observar toda la ciudad, no excesivamente grande y formada por un abigarrado conjunto de casinos y barrios de distintas épocas y estilos. A un paso de la fortaleza están los restos de la antigua iglesia de San Pablo, una imponente fachada principal despojada de techos y muros laterales debido a un terrible incendio pero capaz de seguir desafiando al tiempo desde un promontorio al final de unas largas escaleras. A un lado, en la antigua puerta de entrada a la zona china, está el diminuto templo chino de Na Tcha, armonioso pero de insignificante tamaño.
A sus pies se encuentra la antigua ciudad colonial que es un fresco de Lisboa trasplantado a Asia con alguna pincelada oriental. Calles empedradas, miradores, colores y texturas evocan a la metrópoli. ¡Oh cuanta saudade!
Justo en el epicentro de esta zona colonial quedo admirado por la iglesia de Santo Domingo en la plaza del Senado, un edificio barroco con algún añadido autóctono como los azulejos chinos de su techumbre. Diseño europeo en su concepto y la delicadeza de los artesanos orientales para su elaboración. Una magnífica combinación.
Continuamos caminando sin rumbo y un vendedor se me acerca con una bandeja llena de galletas y me anima a probar una. Tienen una textura y un sabor familiar pero en el paladar queda un suave regusto a especia, igual que la ciudad misma.
Abandonamos la zona antigua por la alameida Riveiro, una magnífica avenida llena de lujosas boutiques. Entre elegantes escaparates llego al hall del Hotel Lisboa, pese a su imponente aspecto y ante la desgana de mi hermana decido no entrar; en la ciudad hay más de 30 casinos pero ciertamente el juego no es el objeto de nuestra visita.
Alguien nos da la dirección de una tienda de outlets, ropa de marca fabricada en Macao a muy buen precio, evitamos esta nueva tentación y nos dirijimos a otra zona de la ciudad.
Entre el Lago San Bai y una frondosa colina donde predomina el verde de los árboles salpicado por el blanco y granate de los elegantes edificios, está la antigua residencia del gobernador portugués. Un entorno elegante y aristocrático no muy distante del Templo de A- Ma, el templo chino más antiguo de la ciudad, formado por varios pabellones situados a distintas alturas entre roca y vegetación. Sorprenden las estructuras espirales colocadas en su techumbre, barras de incienso de larga duración generalmente utilizadas por los marineros que se embarcaban durante largo tiempo y no podían acudir al templo con frecuencia.
Retornamos a la zona costera ya con dirección al ferry. En el amplio paseo marítimo, dotado de moderno mobiliario urbano me encuentro con una enorme escultura de la virgen, al fondo diviso la primera ciudad de China.
Esa es la magia de Macao su capacidad para fusionar imágenes atlánticas y orientales componiendo bellas y evocadoras estampas.

miércoles, 18 de febrero de 2009

EL VENENO DE LA LECTURA

Salía publicado hace pocos días en la prensa que, una biblioteca que más de 16.000 ejemplares, muchos de ellos con anotaciones personales, así como distintos testimonios e indicios revelaban que Hitler era un compulsivo lector.
Este hecho, que en un principio puede producir cierto desasosiego entre los aficionados a la lectura, debe ser convenientemente matizado y explicado.
Considero un buen aficionado a la lectura al que se va encontrando los libros en el camino y no tiene otro estímulo que el afán por descubrir, tomando lo mejor de cada uno en un proceso de continuo crecimiento y aprendizaje.
Hay otros lectores que utilizan la literatura a modo de sucedáneo de la realidad lo cual sólo sirve para crear un mundo paralelo y secar su cerebro del mismo modo que le sucedió al pobre don Quijote. Son personajes tristes pero inofensivos.
La relación del paranoico con los libros es mucho peor, sólo toma aquello que reafirma sus ideas, condenando a la hoguera todo lo demás. Cada vez se vuelve más fundamentalista e intolerante y siente un profundo desprecio por el que no comparte su punto de vista. Sin embargo, la acumulación de datos o la erudición en si misma no sirven para desarrollar un pensamiento crítico o una visión independiente del mundo.
La búsqueda de conocimiento es imposible sin grandes dosis de humildad, pues la nueva información adquirida obliga a re elaborar constantemente los conceptos, reconocer errores y renunciar a pasadas convicciones.
Como gráficamente explicaba Carl Sagan en un capítulo de la genial serie Cosmos toda una vida de estudio apenas llegaría para poder leer unas cuantas estanterías de la biblioteca de Alejandría, apenas una mínima parte del conocimiento disponible. La clave está, pues, en la selección y el análisis.
Decía Paracelso que todas las sustancias son susceptibles de ser veneno, la dosis diferencia a un veneno de una medicina.
No hay una receta única pero sólo con condimentos de calidad, frescos y variados, y la cocción adecuada se cocinan platos exquisitos.

martes, 17 de febrero de 2009

TROUBLE THE WATER



Hace unos meses una oronda cantante de gospel de rasgos africanos de paso por Gijón patrocinada por una fundación municipal me explicaba que era habitante de Nueva Orleans, una ciudad especial que marca el carácter y aún más tras la tragedia del 2005 de la que me hablaba con profunda y contenida tristeza y en la que había perdido familiares, amigos y a sus leales perros.
Nueva Orleans es la ciudad pecadora e infernal por la que vagaba Igantius F. Really protagonista de la ácida y divertida novela La Conjura de los Necios, un desquiciado personaje en un medio en permanente estado de amenaza y descomposición.
La ciudad es un lugar donde los más extraños especímenes cobran vida y se mimetizan con naturalidad en el vecindario, no es de extrañar que el curioso caso de Benjamin Button, aguda película actualmente en cartelera que nos hace reflexionar sobre los profundos cambios a los que nos somete la vida, esté ambientada en este peculiar enclave.
Pero Nueva Orleans es, sobre todo Bourbon Street y el barrio francés, un lugar que huele a azufre, suena a quejumbrosa música de jazz y sabe a destilado. La vida allí es bohemia, carnal y pecaminosa convirtiéndose en refugio y puerto franco de desheredados y perdedores; pero la Sodoma contemporánea ha de pagar un alto tributo por su altanería, imprevisión y promiscuidad, viéndose asolada por un dantesco huracán.
El documental Trouble the Water, recientemente proyectado en el festival de cine de Gijón, describe a al perfección, con imágenes grabadas por supervivientes de la tragedia, como las aguas se ceban con los barrios más humildes, habitados basicamente por gentes con ancestros africanos. El huracán Katerina, ignorado por unas autoridades calamitosas que no están nunca a la altura, golpea abruptamente a la comunidades más pobres, completamente desprotegidas y vulnerables, desencadenando un sinfín de reacciones cargadas de dramatismo y emotividad; desde el alcohólico que se resigna a morir, a la gente corriente que apela a su ingenio para sobrevivir o al traficante pendenciero capaz de, por una vez, hacer algo positivo por su vecinos y, armándose de valor, rescatar de una muerte segura a alguno de los miembros más débiles del barrio convirtiéndose en héroe por un día. http://www.youtube.com/watch?v=Cq426VjZD1E

Nueva Orleans es una ciudad que tiene el encanto de lo peligroso y lo prohibido, que se resiste a morir y apela a su leyenda y personalidad para, pese a quien pese, resurgir como el Ave Fenix de sus propias cenizas.

lunes, 16 de febrero de 2009

LA CAZA DEL CARNERO SALVAJE


Hay quien tacha la literatura oriental de excesivamente críptica o encerrada en si misma.
No es el caso del escritor Haruki Murakami ( Kioto, 1949 ) que con su novela La Caza del Carnero Salvaje consigue un relato ágil e intelligente que refleja bien el desasiego del hombre urbano contemporáneo, presentándonos un estilo de vida y unos valores que nos resultan cercanos pese a lejanía del lugar donde se desarrolla el relato, el Japón de finales de los 70.
Una intriga lineal y fácil de seguir que engancha desde el primer instante, donde su prosa limpia y sencilla llena sugerentes imágenes vertebran un relato que se sale de lo convencional sin caer en lo abiertamente fantástico.
Un publicista treintañero recién divorciado con una vida gris, no más desestructurada y vulgar que la de otros muchos de su generación y circunstancias, edita una fotografía con un extraño carnero que le llevará a emprender un largo viaje a la remota región de Hokkaido y a realizar una surrealista investigación en la que se verá acompañado de una bella modelo de orejas deslumbrantes.
Una propuesta que pese a su ligero toque fantástico funciona perfectamente y un viaje de lo urbano a lo rural que se hace francamente agradable y nos aporta una amplia visión de un Japón que en poco más de una generación ha asumido plenamente su condición occidental y comparte nuestros mismos problemas y dilemas.

viernes, 13 de febrero de 2009

SAN VALENTÍN

Los escaparates de los comercios están literalmente empapelados con grandes carteles recordándonos que mañana es San Valentín, los restaurantes de lujo editan folletos proponiendo menús especiales y el correo electrónico está invadido con emails de lastminute y atrapalo.com sugiriéndonos románticas escapadas.
Parece ser que el hombre contemporáneo está sometido a más estímulos informativos en unas pocas semanas ( prensa, radio, televisión, internet ) que el medieval ( iglesia, castillo, terruño ) en toda su existencia.
Constantemente nos chantajean emocionalmente y nos manipulan. Nos dicen que tenemos que comprar y cuando. Importamos el papá Noel pero sin olvidarnos de los reyes, al menos hasta la llegada de la tercera república.
Se inventan el día del padre, del abuelo, de Halloween, del amigo especial y por supuesto San Valentín.
Hasta el noble sentimiento amoroso, loado por cantores y poetas, cae presa de los depredadores de la sociedad de consumo.
No podía ser de otro modo, el sistema depende de estimular gastos superfluos para mantener la producción de objetos de todo tipo desde los cojines en forma de corazón a los peluches rosa, por no hablar de la bisutería de menguado precio y dudoso gusto.
En fin, sabemos que el mundo funciona así y detestaría estropear el día a los enamorados con estas reflexiones.
Todo lo contrario, porque el amor es precisamente lo opuesto a la racionalidad.
Afortunados sois, dejaos llevar, no importa lo que os digan, cualquier oportunidad es buena, es única, es tan especial como vosotros. Invitadla, sed espléndidos, sacadla a cenar.
Y los roñosos ya os vais buscando otra excusa, que de algo han de vivir los comercios, restaurantes y hoteles.

jueves, 12 de febrero de 2009

¿ AGUANTAR PARA VENCER ?

Existen culturas donde se premia al que primero llega, se admira al campeón, al valiente héroe invicto que se convierte en un referente y un ejemplo a seguir para toda la sociedad.
Este no es el modelo que impera en nuestro entorno, donde al que destaca se le corta la cabeza y el que se mueve no sale en la foto, según expresión de un político contemporáneo.
Los sistemas están creados por y para corredores de fondo, oscuros y sufridos fajadores, a los que se les programa para que sean predecibles y rutianarios, estimulando la mediocridad y persiguiendo al que es original o creativo o simplemente demuestra ser más diestro en una materia.
Desde la función pública a buena parte de la gran empresa o la sociedad en general, normalmente maniatadas por mezquinos poderes fácticos, el criterio de la antigüedad siempre prevalece sobre el del mérito a la hora de conceder una prevenda, un incentivo o un premio.
La envidia y la ruindad paralizan multitud de iniciativas y proyectos brillantes, corrompen los espíritus inquietos y obstaculizan cualquier tentativa de superación.
La única estrategia posible en un entorno tan poco alentador es la de armarse de paciencia y aguantar, agazaparse discretamente y no inmutarse cuando los otros vayan cayendo alrededor.
El que aguanta gana, aunque todo lo demás se hunda a sus pies.
Es entonces cuando un sentimiento de impotencia nos invade pensando que pudimos haber hecho algo más por cambiar las cosas, por construir un mundo mejor y con carroñera astucia nos escondimos, esperando a que el temporal amainase.
Aguanta y vencerás pero no convencerás.

martes, 10 de febrero de 2009

LA IDEOLOGÍA O LA PERVERSION DE LA IDEA

Las ideologías son las invisibles cadenas que atenazan nuestra sociedad.
La ideología es discriminatoria y sectaria, no evoluciona ni trata de entender el medio en el que vive, no se adapta a los cambios ni a las nuevas tendencias.
La ideología es gregaria, cobarde y acrítica. Necesita líderes, emblemas y estructuras. Siempre la justifican ancestrales leyendas, complicadas jerarquías y mitificados mártires. No fomenta la originalidad ni el pensamiento libre. Destruye al contrario, que siempre es el culpable de todos los males y se lapida al diferente, al que trata de eliminar, al menos socialmente. El grotesco rebuzno resuena por los altavoces del poder y se convierte en verdad incuestionable.
Por el contrario, la idea es flexible e inspiradora, curiosa y obstinada, plantea conflictos y retos.
La idea es incomoda con el poderoso y ofrece consuelo al débil, engrasa los organismos anquilosados, desarma estructuras, pone en entredicho a los mitos y cuestiona ancestrales creencias ( eppur si muove, murmura Galileo tras abjurar de la visión heliocéntrica del mundo ante el tribuna de la Santa Inquisición ).
La idea es un soplo de aire fresco que no requiere de la coerción o de complicadas jerarquías para sostenerse pero es un peligro para el que se acomoda o para el que no quiere dejar de hacer lo mismo.
En épocas de crisis más que nunca se necesitan ideas que nos alumbren, que nos inspiren y nos ayuden a cambiar.
Necesitamos liberarnos del lastre de complicadas estructuras y de charlatanes que siempre tratan de engañarnos con lo mismo. Ya es hora de atreverse a seguir nuevas sendas y originales caminos, porque como decía el poeta el camino se hace al andar.

sábado, 7 de febrero de 2009

DESCUBRIENDO HONG KONG Y EL RIO PEARL


Hong Kong es una ciudad de rascacielos que crece a lo alto entre imposibles colinas y huele a pescado hervido al estilo cantones en cada esquina.
Hong Kong es la sofisticacion cosmopolita de Central y el arraigo por unas antiguas tradiciones que no han pasado la criba de la revolucion cultural en Kowloon e interpretan la modernidad de una forma peculiar.
Hong Kong es el Star Ferry y el Victoria Peak, negocios, luces de neon y desmesura...
Han sido 10 días fantásiticos y muy bien aprovechados, 6 en solitario y 4 acompañado de mi hermana a la que agradezco que haya venido desde París a encontrarse conmigo.
A continuación 6 bitárocas ( Kowloon, Hong Kong/ Central y Victoria Peak, Sur de la Isla/Más allá de los rascacielos, Lantau, Macao, Cantón ) en las que dejo mis opiniones sobre está fascinante viaje, no sólo Hong Kong sino también otras islas y ciudades situadas en el entorno del Río Pearl.

jueves, 5 de febrero de 2009

KOWLOON















Kowloon fue mi barrio en Hong Kong durante los diez días que permanecí en la ciudad, animoso y vital juega a ser cosmopolita pero no puede ocultar su inconfundible alma oriental.
La fachada marítima de la península la ocupa la avenida de las estrellas, un homenaje a la floreciente industria cinematográfica local con mobiliario urbano de primera calidad y un poco disimulado aire hollywoodiense con estrellas gravadas en el suelo incluidas. Pese a su toque algo hortera es uno de los lugares más cuidados del barrio, un magnífico paseo perfectamente limpio y pavimentado con inmejorables vistas al mar e impecables terrazas en las que merece la pena sentarse a tomar algo.
Al final del paseo se encuentra Nathan Road, la columna vertebral de Kowloon, una avenida de estridentes letreros y varios kilómetros de largo plagada de vendedores al acecho que desde la puerta de sus negocios tratan de enganchar a los incautos clientes.
Tiendas de relojes, de cámaras fotográficas, casas de cambio y apuestas, joyerías, zapaterías, sastrerías, tiendas de moda... Desde albergues baratos en las indescriptibles Chuking Mansions a masajes de pies o relojes todo está a la venta en este auténtico icono del consumismo desenfrenado.
A la otra mano un parque con una vistosa mezquita pretende oxigenar, sin demasiado éxito, la concurrida avenida.
En el cruce de Nathan Road con la calle Jordan está el hotel Largos donde me alojé, una zona muy animada a lado mismo del mercado nocturno de Temple, en el que me surtí de ropa y alguna que otra baratija.
Pegado al mercado se encuentra el Food Market, un conjunto de entoldados y tenderetes donde se sirve comida típica de la zona. Es un lugar poco recomendable para occidentales excesivamente escrupulosos. Allí habrán de convivir con ruido, mesas pequeñas y tambaleantes, olor penetrante pese a estar prácticamente al aire libre, televisiones a todo volumen emitiendo culebrones de época asiáticos con pérfidos villanos y valientes guerreros, camareros mal encarados reprendidos constantemente por encargados déspotas y gruñones. En fin, una experiencia sólo interesante para estómagos encallecidos que quieran ver a gente del lugar degustando sus especialidades típicas.
Afortunadamente también sencillos, económicos y auténticos pero considerablemente más tranquilos e higiénicos, son los restaurantes que se encuentran fuera de este recinto y donde cené casi a diario setas, sopas con sabor a jengibre, cerdo al curry o deliciosos pescados recién sacados de la pecera nunca por más de 10 euros.
Las pequeñas calles transversales tienden todas a parecerse, con grandes edificios muchas veces descuidados, gente moviéndose constantemente, pequeñas tiendas sin escaparates ni ventanales con todo el frente abierto al exterior que más parecen almacenes dada su austeridad, dependientes en cuclillas que toman sopa en la calle, gente en torno a mesas circulares y un Seven Eleven en cada esquina.
Volviendo a Nathan Road y caminando un cuarto de hora a pie en dirección opuesta al mar nos toparemos con Mag Kok, un sofocante hormiguero urbano, masificado hasta lo absurdo en el que es imposible caminar dos pasos sin tropezarse con alguien donde proliferan negocios de poco gusto y dudosa honestidad, así como el mercado urbano más surtido y concurrido de la ciudad.
Hacia el oeste se encuntra el Waterfront, un apabullante centro comercial con las boutiques más exclusivas, desde aquí se coge el tren rápido que lleva al aeropuerto y sus terrazas ofrecen magníficas vistas del puerto comercial, uno de los más transitados del mundo.
Varias paradas de metro más allá, en la zona de New Kowloon, solo un poquito menos ajetreada que las descritas anteriormente se encuentra el Wong Tai Sin Temple, un atestado lugar de culto, con varios pabellones donde los fieles tratan de ganarse el favor de la divinidad con sus ofrendas, incienso o fruta generalmente. Anexo al templo se encuentra un elegante y tranquilo jardín chino en el que aún es posible encontrar algún rincón solitario.
Si los dioses no fuesen propicios para conseguir ganar en los caballos o en la lotería siempre se puede pedir consejo a alguno de los adivinos que asientan sus cabinas casi en frente del templo.
El espíritu de Kowloon es eminentemente práctico, emprendedor y dinámico, capaz de reinventarse continuamente para seguir subsistiendo, que cambia sin cesar para no dejar de ser fiel a si mismo.

martes, 27 de enero de 2009

HONG KONG/ CENTRAL Y VICTORIA PEAK














Los imponentes rascacielos de Hong Kong asientan sus cimientos en lo más arraigado de las tradiciones chinas.
Llegué a la ex colonia británica un domingo por la mañana y la ciudad, lejos de estar dormida bullía vitalidad en cada esquina. Los vendedores hindús de Nathan Road salían a la calle y trataban de venderme un happy Rolex o un traje a medida, por una vez decidí ignorar tentaciones consumistas ( tiempo habría en los mercadillos ) u otro tipo de distracciones y dirigirme al Star Ferry.
Con una frecuencia de unos diez minutos, los amplios y destartalados barcos de esta legendaria compañía, unen la península de Koowlon con la isla de Hong Kong propiamente dicha, algo más sofisticada y totalmente volcada a las finanzas pero con multitud de lugares interesantes que visitar y también llena de vida.
El trayecto en ferry duró poco más de cinco minutos y una espaciosa pasarela peatonal facilitó la marcha hacia la zona de Central, donde se apiñan los edificios más altos y vistosos, con una densidad y verticalidad tales que realmente llegan a abrumar.
Tuve que atravesar varias calles y ascender unos cuantos metros para acceder a los Mid-levels, donde me reencontré de nuevo con edificaciones hechas a una escala más humana. Esta es una zona más residencial, no todos los edificios estan tan impecables como en el vecino barrio de Central, los bloques modernos conviven con otros verdaderamente cochambrosos, entre las empinadas calles, muchas veces escalonadas surgen tenderetes o auténticos mercadillos atiborrados de indescriptibles productos, desde estampas para celebrar el cercano año nuevo chino a pescado desecado o puestos en los que preparan zumos naturales, de mango, papaya, duran (que sabe bien pero huele a demonios) o naranja, ricos y a muy buen precio y donde pude aplacar mi sed.
Continué ascendiendo por calles de gran desnivel, opté por evitar las escaleras mecánicas para seguir topándome con estampas más auténticas, sin embargo el límite de tolerancia a la suciedad y el mal olor de mi hermana se estaba agotando y necesitábamos un sitio limpio y tranquilo en el que poder descansar.
Tal y como era de prever pronto apareció una zona plagada de Starbucks, pubs de estilo británico y restaurantes de comida asiática pero con diseño y estándares de limpieza europeos.
Decidimos entrar en un Pacific Cofee franquicia muy conocida en estas latitudes, un par de magdalenas y dos cafés nos quitaron momentáneamente el hambre, además aprovechamos para mirar el internet.
Al salir nos encaminamos al Peak Train y de nuevo no tardamos en encontrarlo, Hong Kong pese a estar tan densamente poblado es una ciudad de diseño muy compacto y todo parece estar cerca.
El tren, que lleva más de 100 años salvando imposibles desniveles es toda una proeza de la ingeniería decimonónica y un emblema y orgullo de la ciudad. Su recia estructura, sus sólidos asientos de madera y su inconfundible sonido tienen el porte y la cadencia de otra época. Gran parte del trayecto se hace en posición prácticamente horizontal confiando en la resistencia de unos bancos fuertemente atornillados al suelo de madera.
Esta es la mejor forma de llegar al pico Victoria, el punto más alto de la isla y desde donde se pueden contemplar las mejores vistas del impresionante sky line, sobre todo si se accede a la terraza panorámica.
Apenas sin espacio, encajonados entre el mar y las picudas y abruptas montañas se hacinan multitud de bloques de hormigón que en una desaforada y competitiva lucha, como si se tratase de árboles en un bosque tropical, se apresuran a crecer a lo alto, delgados y esbeltos.
La ciudad supone un auténtico desafío a la naturaleza y contemplarlo desde lo alto una maravilla indescriptible.

Pese a que Hong Kong es un enclave cálido era pleno enero y el viento pegaba con fuerza allí en lo alto. Era el momento de bajar de nuevo y seguir dejándome envolver por la vitalidad, el frenesí y la contagiosa energía de este bullicioso lugar. Aún quedaba mucho por descubrir.